Cuando decidí participar en un programa de maternidad subrogada en Gestlife Colombia, entendí que no solo debía cuidar mi cuerpo. También necesitaba aprender a cuidar mi mente, mis emociones y mi tranquilidad durante todo el embarazo. Aunque cada experiencia es diferente, para mí fue clave mantenerme emocionalmente estable para vivir este proceso de forma positiva y saludable.
Desde el comienzo descubrí que el bienestar emocional influye muchísimo en cómo vivimos el embarazo. Había días llenos de alegría y otros donde aparecían dudas, cansancio o ansiedad. Poco a poco aprendí que dedicarme tiempo, escucharme y buscar momentos de calma hacía una gran diferencia.
Aprendí a bajar el estrés y conectar conmigo misma
Uno de los hábitos que más me ayudó fue detenerme unos minutos al día para respirar profundamente. Parece algo simple, pero hacerlo con calma me ayudaba a sentirme más tranquila y a controlar mejor los momentos de estrés.
También empecé a practicar ejercicios de atención plena. Dejé de preocuparme tanto por cosas que todavía no pasaban y aprendí a vivir cada etapa del embarazo día a día. Eso me permitió sentirme más conectada conmigo misma y disfrutar mucho más el proceso.
En las noches buscaba espacios de silencio, escuchaba música relajante o hacía meditaciones guiadas cortas. Dormía mejor y mi mente se sentía más liviana.
Cambié mis pensamientos para vivir el embarazo con más tranquilidad
Algo que transformó mucho mi experiencia fue aprender a hablarme bonito. Durante el embarazo entendí que la forma en que pensamos también afecta cómo nos sentimos.
Todos los días repetía frases positivas como “mi cuerpo es fuerte”, “estoy haciendo las cosas bien” o “estoy viviendo este proceso con amor y responsabilidad”. Puede sonar sencillo, pero esas palabras me ayudaban a recuperar confianza cuando aparecían inseguridades.
También hacía ejercicios de visualización. Cerraba los ojos e imaginaba que todo salía bien: un embarazo tranquilo, un parto seguro y la felicidad de la familia al conocer a su bebé. Pensar en eso me daba motivación y me recordaba el propósito tan importante que tenía esta experiencia.
Entendí que yo también necesitaba apoyo
Al principio pensé que podía manejar todo sola, pero con el tiempo entendí que hablar con otras personas era necesario. Conversar con mi familia, con mujeres que habían vivido algo parecido o con profesionales me ayudó muchísimo emocionalmente.
Hubo momentos donde necesité expresar miedos, dudas o simplemente cansancio emocional. Tener espacios seguros para hablar me hizo sentir acompañada y comprendida.
La maternidad subrogada es una experiencia muy humana y emocional. Por eso, contar con apoyo psicológico y emocional durante el proceso puede hacer que todo sea mucho más llevadero y positivo.
También descubrí la importancia de no olvidarme de mí misma. Seguí haciendo actividades que disfrutaba, leyendo, viendo películas, aprendiendo cosas nuevas y manteniendo mi rutina personal. Eso me ayudó a recordar que, además de ser gestante, seguía siendo una mujer con sueños, emociones y proyectos propios.
Hoy entiendo que cuidar mi mente también fue cuidar al bebé
Después de vivir esta experiencia, comprendí que el bienestar emocional es tan importante como cualquier control médico durante el embarazo.
Cuando me sentía tranquila, acompañada y emocionalmente estable, también vivía el proceso con más confianza y equilibrio. Aprendí que cuidar mi salud mental no era un lujo, sino una parte fundamental de una gestación saludable.
Ser madre gestante fue una experiencia que me enseñó mucho sobre empatía, fortaleza y amor. Y si algo puedo decirle hoy a una mujer que está pensando en participar en un programa de maternidad subrogada, es que no olvide cuidarse emocionalmente durante el camino.
Porque cuando una gestante se siente bien, segura y apoyada, todo el proceso se vive de una manera mucho más positiva y humana.